Errores frecuentes al encargar una prótesis a un laboratorio dental (y cómo evitarlos)

La relación entre clínica y laboratorio dental es bidireccional. Los problemas en un trabajo protésico no siempre tienen su origen en el laboratorio: muchas veces empiezan antes, en la información que se envía o en cómo se comunica el caso. Estos son los errores más frecuentes y cómo evitarlos.

Enviar una impresión sin información clínica suficiente

Una impresión o un archivo de escaneado sin contexto clínico es solo geometría. El laboratorio necesita saber el tipo de oclusión del paciente, si hay parafunciones, qué material prefiere el clínico, cuál es la situación del antagonista y cuáles son las expectativas estéticas. Sin esa información, el técnico trabaja con criterio propio, que puede no coincidir con el del clínico ni con las necesidades del paciente.

La solución es establecer un protocolo de envío con un formulario o ficha de caso que incluya siempre los datos mínimos necesarios. Los buenos laboratorios facilitan ese formato y lo piden de forma sistemática.

No comunicar el color correctamente

El color dental es uno de los aspectos más difíciles de trasladar al laboratorio sin un protocolo claro. Enviar solo una referencia de guía de color —A2, B1— sin fotografía de referencia en condiciones de luz natural es insuficiente en casos donde la estética es relevante. Las fotografías con guía de color incluida en la imagen, en condiciones de luz natural o con flash estandarizado, son el mínimo necesario para casos del sector anterior.

Asumir que el laboratorio interpretará correctamente una indicación ambigua

«Que quede natural», «similar al diente de al lado» o «que no se note mucho» son indicaciones que el técnico no puede ejecutar sin referencias objetivas. Cuanto más específica sea la información clínica, más predecible será el resultado. La ambigüedad en el encargo siempre se paga en retrabajo.

No revisar el trabajo antes de cementar

La prueba en boca antes de la cementación definitiva es el momento de detectar y corregir. Ignorarla o acortarla por presión de tiempo es uno de los errores más costosos. Un ajuste que parece aceptable en el modelo puede no serlo en boca, y lo que no se corrige antes de cementar se convierte en un problema mucho más complejo después.

No dar feedback al laboratorio

Cuando un trabajo tiene un problema, comunicarlo al laboratorio de forma concreta —con fotografías, con descripción del ajuste, con indicación de qué no funciona— permite mejorar en el siguiente caso. La relación con el laboratorio mejora con feedback real, no solo con aprobación cuando todo va bien y silencio cuando algo falla.

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